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¿Desde cuándo hay impuestos?

Roma

El destino de Roma como conquistadora y gobernadora de pueblos determinará algunos de los rasgos más característicos y constantes de su Hacienda Pública. Así, el arrendamiento de las tierras de dominio público aportadas por las victorias de las legiones representará una importante fuente de recursos.

Hasta aquí la Hacienda Pública de Roma era eminentemente patrimonial, pues las rentas de sus bienes constituían la principal fuente de sus ingresos. Ideal en pocas ocasiones alcanzado a lo largo de la Historia, porque el patrimonio público, el patrimonio de todos, no tiene la importancia que sería necesaria para atender las necesidades colectivas con sus productos. Por ello, siempre ha habido que acudir a los tributos.

No menos sustanciosos para las arcas del Estado eran los botines arrebatados a los vencidos y los tributos que estos debían pagar a Roma.

Durante la etapa republicana, por lo general, el ciudadano romano no pagaba impuestos directos. Pero con ocasión de guerras había de realizar determinadas prestaciones monetarias que tenían el carácter de préstamos forzosos, pues eran reembolsadas con las ganancias de las propias guerras.

En el gobierno republicano, el rey había sido sustituido por dos cónsules, que ejercían el poder civil y militar. Junto a ellos, los pretores administraban justicia y los cuestores organizaban la Hacienda. Se clasificaba a los contribuyentes según la importancia de sus patrimonios, ganados, industrias..., pero en la mayoría de los casos se imponían las cargas en cantidades iguales por cabeza (capitación).

A lo largo del tiempo, fueron muchos los tributos que estableció Roma. Sobre las ciudades pesó un impuesto territorial que se repartía en proporción al valor de los bienes inmuebles. Ciertas provincias recaudaban los diezmos o décimas partes de los frutos de la tierra y enviaban su importe a la capital del Imperio.

En las vías romanas se cobraban portazgos –derechos para entrar en las ciudades- y pontazgos –derechos para pasar por los puentes-. Se exigió un gravamen sobre las herencias entre parientes lejanos. Se cobraron tasas sobre el precio de venta de los esclavos y por darles la libertad. Impuestos sobre las ropas de las elegantes romanas y sobre objetos muebles.

Se arrendaba la recaudación de los tributos y los recaudadores hacían pingües negocios. En la época del Imperio se llegó a explotar con impuestos a las provincias y ciudades, que a menudo no podían pagar. Octavio, Marco Aurelio y Adriano, tuvieron que perdonar repetidas veces estas obligaciones tributarias.