La antigüedad clásica: Grecia y Roma
Avanzando de un salto muchos siglos de historia de la humanidad, encontramos en la Grecia clásica, con la ciudad de Atenas a la cabeza, una civilización superior a todas las que habían existido y en ella surge una primera idea de la democracia y también de la Hacienda Pública como fondo común. Un hombre muy sabio que vivió entonces, llamado Pericles, decidió que el dinero público no debe ser sólo para gastos militares sino también para construir edificios y para distribuir bienes entre el pueblo. En esta época se establecieron impuestos directos sobre el dinero y los bienes de los ciudadanos (renta y patrimonio) y también impuestos indirectos sobre el mercado y sobre las compras de bienes por las personas (consumo).
Tras los griegos llegaron los romanos, un pueblo conquistador, con un gran sentido práctico y que se distinguió por la construcción de importantes obras públicas, como las calzadas y los acueductos (en España conservamos muchas de sus obras, como el acueducto de Segovia). Los romanos conquistaron a los griegos, pero respetaron su cultura e incluso copiaron muchas cosas de ellos.
Roma obtenía mucha riqueza por el alquiler de todas las tierras que iba conquistando y también por el botín, es decir, el dinero y los bienes que quitaba a los pueblos vencidos en las batallas. Pero además estableció varias clases de impuestos. Las Provincias conquistadas tenían que pagar un impuesto directo sobre la tierra y el suelo (estipendium o tributum) y también sobre los frutos o productos de la tierra (éste se llamaba diezmo, porque era la décima parte de esos productos). También se estableció un impuesto directamente sobre las personas (tributum capitis), que generalmente se exigía a todos por igual, es decir, que todos pagaban la misma cantidad con independencia de que fueran más ricos o más pobres (¿os parece justo el sistema?). En las vías o carreteras se cobraban los portazgos, que eran cantidades que había que pagar para entrar en las ciudades. Otros impuestos recayeron sobre las herencias, las ventas de esclavos o los objetos de lujo.