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¿Desde cuándo hay impuestos?

La Edad Media. Al-Ándalus. El feudalismo. Las ciudades o burgos

Tras la caída del Imperio Romano y la invasión de los pueblos germánicos empieza una nueva época que se conoce como la Edad Media. Durante un tiempo en España gobernaron los visigodos, que mantuvieron casi igual la Hacienda pública que habían creado los romanos. Pero pronto se implantó en Europa el feudalismo, resultado de la división del gran imperio romano en muchos pedazos de tierra, que se llamaban feudos, y cada uno era de un señor o noble, que era el señor feudal.

Como eran tiempos peligrosos de desórdenes y guerras, la gente necesitaba protección y acudía para ello a los señores feudales, que, a cambio de esa protección, les exigían luchar a su lado en las frecuentes guerras y pagarles grandes tributos generalmente mediante entrega de las cosechas, vino, aceite y animales, ya que entonces el dinero -las monedas que circulaban- eran escasas. El poder de estos señores feudales sobre los bienes e incluso la vida de la gente era casi absoluto (diferencia entre esclavos, vasallos y ciudadanos). Nadie podía dedicarse al comercio o ejercer un oficio sin su autorización, y la gente más pobre eran los siervos, que eran como esclavos obligados a trabajar la tierra sin derecho a nada.

En España, como sabéis, los pueblos musulmanes llegados de África en el siglo VIII, estuvieron durante varios siglos en gran parte del territorio. Su Hacienda llegó a ser muy rica, pues además de las rentas propias del emir o del califa (que eran como sus dirigentes), establecieron impuestos sobre las cosechas, las mercancías, los rebaños o las tierras y también impuestos directos que debían pagar las personas no musulmanas que vivían en su territorio. Hubo dos impuestos muy importantes que después los exigieron también los cristianos: los derechos de aduana (almojarifazgo) y las gabelas que se pagaban al comprar y vender algo.

Con el tiempo, la gente empezó a unirse, a protestar y a rebelarse contra el poder de los señores feudales y reyes, poniendo condiciones para el pago de los tributos que los reyes tuvieron que aceptar en ocasiones, como ocurrió con las Cortes que se reunían en España o con el ejemplo de la Carta Magna en Inglaterra, según la cual los impuestos tienen que ser aceptados por la gente que ha de pagarlos.

Además, las personas empezaron a escapar del poder de los señores feudales y fueron surgiendo las ciudades y, con ellas, una nueva clase social formada por artesanos, comerciantes y banqueros, que se llamó burguesía. Con el crecimiento de las ciudades y las nuevas necesidades que en ellas surgieron, se fue haciendo importante la Hacienda municipal, independiente de la del rey, cobrando tributos (por ejemplo, la alcabala) para canalizar el agua, para hacer las calles o para construir sus murallas.