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¿Desde cuándo hay impuestos?

Los impuestos en la antigüedad: Grecia y Roma

Comenzaremos nuestro paseo por la historia de los impuestos en Grecia, concretamente, antes de la aparición de la democracia. En la época de la monarquía, sólo podía ser ciudadano quien contribuía con sus propios bienes a determinados gastos públicos. Por tanto, tener o no tener derechos políticos dependía, por ejemplo, de poder mantener un caballo de guerra.

Los gastos corrientes del Estado se iban cubriendo con los productos del patrimonio real y sólo en ocasiones extraordinarias se acudía a las contribuciones.

Los antiguos griegos eran muy buenos comerciantes. En el siglo V antes de Cristo, el puerto ateniense del Pireo era el centro comercial más importante del mundo antiguo. Los atenienses consumían sólo una parte de todas las mercancías que llegaban al Pireo y, por ello, vendían el resto a otros países y ciudades-estado. Los atenienses cobraban aranceles que suponían el 2% de todo lo importado y exportado.

Sin embargo, como los aranceles y las rentas de los bienes del rey no bastaban para financiar todos los gastos públicos, los griegos antiguos crearon los impuestos indirectos que gravaban los gastos y consumos familiares.

En la Grecia clásica, Atenas encabezó la liga de Estados. Estos le pagaban una cantidad anual para construir barcos y equipar a los soldados: el Tesoro de Delos. Pericles trasladó el Tesoro de Delos a Atenas y decidió que dicho tesoro se empleara no sólo para fines militares sino también para la construcción de edificios públicos, por ejemplo, el Partenón y el Erectión. Como había veces que no había suficientes fondos para financiar los distintos gastos públicos, se crearon los impuestos directos que gravaban la renta o el patrimonio de los ciudadanos.

Tras los griegos llegaron los romanos, un pueblo conquistador, con un gran sentido práctico y que se distinguió por la construcción de importantes obras públicas, como las calzadas y los acueductos. Los romanos conquistaron a los griegos, pero respetaron su cultura e incluso copiaron muchas cosas de ellos.

Roma obtenía mucha riqueza por el alquiler de todas las tierras que iba conquistando y también por el botín, es decir, el dinero y los bienes que quitaba a los pueblos vencidos en las batallas. Pero además estableció varias clases de impuestos. Las Provincias conquistadas tenían que pagar un impuesto directo sobre la tierra y el suelo (estipendium o tributum) y también sobre los frutos o productos de la tierra (este se llamaba diezmo, porque era la décima parte de esos productos).

También se estableció un impuesto directamente sobre las personas (tributum capitis), que generalmente se exigía a todos por igual, es decir, que todos pagaban la misma cantidad con independencia de que fueran más ricos o más pobres.

En las vías o carreteras se cobraban los portazgos, que eran cantidades que había que pagar para entrar en las ciudades. Así mismo, se pagaban pontazgos para poder pasar por los puentes.

Otros impuestos recayeron sobre las herencias, las ventas de esclavos o los objetos de lujo. Algunos de los impuestos que tenemos hoy en día son “herederos” de los impuestos romanos. Por ejemplo, actualmente existe el impuesto sobre sucesiones (que se exige sobre la herencia que deja la persona fallecida), el impuesto sobre transmisiones patrimoniales (que se exige en muchas transmisiones de bienes) etc.