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¿Qué impuestos hay?

El IVA

Es posible que penséis que, porque sois jóvenes y no trabajáis, no tenéis nada que ver con los impuestos, que los impuestos son sólo cosa de los mayores. Sin embargo, también vosotros estáis pagando impuestos. O sea, que vosotros también sois contribuyentes.

Por ejemplo, cada vez que compráis un refresco, una bolsa de patatas, un bollo, unos pantalones, o unas zapatillas, cada vez que vais al cine, que os subís a un tren o a un autobús o que recargáis la tarjeta del móvil, estáis pagando impuestos.

Son los impuestos sobre el consumo. El más conocido de ellos es el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido), que seguramente os sonará. Este es un impuesto que se paga cada vez que se compra un artículo o producto o cuando alguien nos presta un servicio o nos hace un trabajo, sea porque tomamos algo en un bar o en un restaurante o porque el fontanero o el electricista hacen una reparación en nuestra casa. Lo que pasa es que no nos damos cuenta porque normalmente está dentro del precio. Si os fijáis, hay muchos tickets que desglosan el importe del IVA y en otros está incluido en el precio (en el ticket pone IVA incluido). Pues es para que el que compra una cosa se entere de que lo está pagando y de que el que vende esa cosa lo ha ingresado en Hacienda para que el comprador no tenga que hacerlo. Por eso, es importante exigir siempre la factura o el comprobante, aunque alguien pueda decirnos que si no nos da el ticket nos va a cobrar un precio más barato ¿Cómo demostraremos, si no, que hemos pagado para poder reclamar después si lo que compramos está defectuoso o la reparación mal hecha?

El IVA es uno de los impuestos indirectos (recordad la clasificación que hacíamos entre impuestos directos e indirectos), el más importante de todos, pues el dinero que se obtiene de él es bastante más de la mitad del total que se obtiene por todos los impuestos indirectos.

Es curioso saber por qué este impuesto se llama “sobre el Valor Añadido”. Para entenderlo, hay que tener en cuenta que cada producto que compramos lleva detrás un largo proceso con muchas fases, en cada una de las cuales intervienen distintos empresarios y profesionales. Imaginad una simple camiseta de algodón. Primero hubo que cultivar la planta, recolectar el algodón, hilarlo después para convertirlo en una tela, luego cortar la tela y darle forma de camiseta, teñirla o imprimirle un estampado y finalmente distribuirla para que llegue a la tienda de nuestra ciudad donde la podremos comprar. En cada fase la prenda va adquiriendo más valor, se le va añadiendo valor. Cada empresa que interviene debe ingresar en Hacienda el IVA correspondiente al aumento de valor que su trabajo ha incorporado a la futura camiseta, pero ese IVA que ha ingresado lo “repercute” después en la empresa que interviene en la fase siguiente, y así sucesivamente hasta llegar a nosotros los compradores, que somos quienes al final pagaremos el impuesto dentro del precio de nuestra camiseta.

Nos queda por decir que la cantidad que pagamos por el IVA no es siempre igual para todos los servicios y cosas que compramos. Hay un IVA general que es de un 21%. Hay un IVA reducido del 10% que se paga por artículos de uso corriente, entre otros, por los alimentos en general, las viviendas, los restaurantes o museos. Y, finalmente, hay un IVA superreducido del 4% para los bienes más necesarios, como es el pan, la leche, las frutas, huevos, verduras y hortalizas, las medicinas y también para los libros y los periódicos. Además, hay bienes y servicios que, por su importancia, no pagan IVA, es decir, están exentos, como ocurre con los servicios sanitarios y de educación o los servicios de los dentistas.

Por último, es interesante que sepáis que el IVA es un impuesto que no sólo se paga en España sino también en todos los demás países de la Unión Europea, aunque existen algunas pequeñas diferencias entre unos y otros, fundamentalmente en cuanto a los porcentajes que, según veíamos antes, se aplican a los distintos artículos. Se dice, por ello, que el IVA es un impuesto “armonizado” en la Unión Europea. Esto significa que si vais de viaje a alguno de los países de la Unión también estaréis pagando el IVA en el precio de los objetos y artículos que compréis, aunque la cantidad correspondiente al impuesto puede ser algo superior o inferior de la que pagarías en España por el mismo artículo.